Cultura

25 noviembre, 2011

DÍA MUNDIAL DE LUCHA CONTRA LA DESERTIFICACIÓN Y LA SEQUÍA

MUNDO SIN AGUA 2

DÍA MUNDIAL DE LUCHA CONTRA LA DESERTIFICACIÓN Y LA SEQUÍA.

La Asamblea General de Naciones Unidas designó, en 1994, el 17 de junio como “Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía” (Ecologistas en acción, 2011).

La Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD, por sus siglas en inglés) surge en ese mismo año como resultado de las negociaciones de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro dos años antes. El organismo internacional enfoca su atención en la degradación de tierras que afecta fuertemente la productividad y la seguridad de ecosistemas en donde viven algunos de los grupos humanos más vulnerables. La celebración forma parte de una estrategia a nivel mundial, que consiste en promover acciones de manejo sustentable que ayuden a prevenir, detener y revertir los procesos de degradación de tierras, la desertificación y la mitigación de los efectos de la sequía. Paralelamente, se combaten otros impactos adversos, tales como: baja en la productividad de las tierras, desnutrición, empobrecimiento de la población y migraciones (CONAFOR-SEMARNAT, 2010).

EL SUELO

El suelo es la capa más superficial de la corteza terrestre, en la cual encuentra soporte la cubierta vegetal, y es el resultado de la interacción de varios factores ambientales, tanto climático como biológico, así como el relieve, el tiempo y el material parental que proviene de la roca madre. La interacción de estos factores ha repercutido en la gran diversidad de suelos que existen en México, ya que 23 de las 25 categorías de suelos reconocidas en el mundo están presentes en nuestro país y 10 de ellos conforman el 74% de la superficie nacional (SEDESOL-INE, 1994).

RIQUEZA E IMPORTANCIA DEL SUELO

  • Los suelos pueden concentrar hasta cinco toneladas de vida animal en una hectárea.
  • En una cucharada de suelo podemos encontrar 6 mil especies diferentes y más de un billón de bacterias.
  • El 75 por ciento de los países en vías de desarrollo dependen de la agricultura para sobrevivir.
  • Dos centímetros de suelo pueden tardar hasta 500 años en formarse.

La formación del suelo es un proceso lento y que depende de la actividad de esta biodiversidad, pero no sólo las formas de vida en el suelo determinan su calidad y salud; existen otros factores naturales o causados por el hombre que inciden en él: el uso insostenible del suelo, las prácticas inapropiadas de cultivo o pastoreo, el desarrollo industrial y urbanístico. Esto produce desprendimientos de tierra, erosión, contaminación y la pérdida de materia orgánica, repercutiendo en la productividad de los ecosistemas y la cantidad y calidad de los alimentos producidos (CONAFOR-SEMARNAT, 2010). .

¿QUÉ ES LA SEQUÍA?

De acuerdo a la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD, por sus siglas en inglés, 2007), se entiende por “sequía” el fenómeno que se produce naturalmente cuando las lluvias han sido considerablemente inferiores a los niveles normales registrados, causando un agudo desequilibrio hídrico que perjudica los sistemas de producción de recursos de tierras.

Siendo un fenómeno meteorológico natural recurrente, se presenta en todo el mundo y en todos los climas, afectando por su magnitud, en diferentes formas, de acuerdo a las condiciones ambientales del entorno donde se presenta; existen varios tipos de sequías:

  • Sequía climatológica: Es aquella que se presenta cuando el nivel de precipitación (lluvias) es menor al promedio, manifestándose de esta manera la condición de sequía.
  • Sequía hidrológica: Se refiere a las deficiencias de agua en los embalses o presas para irrigación.
  • Sequía agrícola: Se refiere principalmente a los impactos de la sequía, sobre los cultivos establecidos.

La sequía es uno de los desastres naturales más complejos y que impacta a más personas en el mundo (CONAZA, 2011), al afectar los ecosistemas y las actividades humanas. Además de sus efectos directos en la producción, la sequía puede afectar el abastecimiento de agua, forzar a las poblaciones a emigrar, e incluso causar hambrunas y muerte de personas. Los impactos de las sequías dependen de la vulnerabilidad y de la habilidad de los habitantes de las comunidades para enfrentar el fenómeno, lo que a su vez está influido por las condiciones socioeconómicas, productivas y de calidad de los recursos de las poblaciones.

La condición de sequía afecta en formas diferentes a las regiones donde se presenta; en tierras de pastoreo, que presentan procesos de degradación, los efectos de la sequía son más peligrosos que los que se podrían presentar en una región de pastoreo similar, con buenas prácticas de manejo de sus recursos (CONAZA, 2011).

En México, las regiones en las que se han presentado mayor número de sequías son las áridas y semiáridas, en las cuales la precipitación promedio es de 400 milímetros al año. En el sureste del país la disponibilidad promedio de agua es ocho veces mayor a la de las zonas centro, norte y noreste. Así, el promedio nacional de disponibilidad anual per cápita es de 4 mil 960 metros cúbicos: en el norte es de mil 930 y en el sur y sureste de 15 mil 270 (Eco2site, 2011).

De la misma manera que los valores promedio de la precipitación y el escurrimiento no reflejan la heterogeneidad espacial del país, tampoco muestran las variaciones temporales. En 2004, por ejemplo, la precipitación fue casi 15% superior al promedio del periodo 1971-2000, mientras que en 1994, 1996, 1997, 1998 y 2002 estuvo por debajo de los 760 milímetros. De hecho, considerando a todo el país entre 1994 y 2002, la precipitación promedio estuvo por debajo de la media histórica, mientras que entre los años 2003 y 2007 fue superior a la media histórica de 1971-2000 (SEMARNAT, 2009).

A diferencia de otros desastres naturales, las consecuencias de las sequías pueden prevalecer por varios años, con un efecto negativo en el desarrollo (CONAZA, 2011), principalmente sobre la agricultura y la ganadería (SEMARNAT, 2009).

En el último siglo se presentaron en el país cuatro grandes periodos de sequía: 1948-1952, 1960-1964, 1970-1978 y 1993-1996, así como una sequía severa en 1998, que afectaron principalmente a los estados del norte del país. Entre los años 2000 y 2003, 18 estados fueron afectados por sequía, entres los cuales sobresalen Chihuahua, Sinaloa, Zacatecas, Veracruz y Sonora (SEMARNAT, 2009).

Fuente: NOAA, 2011.

En Quintana Roo, esta condición de sequía ha sido propiciada por el fenómeno “La Niña”,  y es uno de los factores que han provocado una alta incidencia de incendios forestales durante el año 2011. Hasta el 15 de mayo de este año, en esta entidad se habían reportado 91 incendios con una superficie afectada de 28,383 hectáreas (Por Esto!, 2011).

 

 

 

 

Por otro lado, de acuerdo a los registros históricos de las estaciones meteorológicas de X-Pichil, Chetumal, Felipe Carrillo Puerto y Kantunilkin de la Comisión Nacional del Agua, la precipitación pluvial manifiesta un descenso normal entre los meses de noviembre a abril, con valores inferiores a los 100 mm, que corresponde a la época de seca en el estado de Quintana Roo (INEGI, 2010), según la gráfica siguiente:

¿QUÉ ES LA DESERTIFICACIÓN?

Por “desertificación” se entiende la degradación de las tierras de zonas áridas, semiáridas y sub húmedas secas resultante de diversos factores, tales como las variaciones climáticas y las actividades humanas (UNCCD, 2007).

Entre los principales factores que desencadenan esta situación se encuentran la explotación insostenible de los recursos hídricos, que es causa de graves daños ambientales, incluidos la contaminación química, la salinización y el agotamiento de los acuíferos; pérdidas de la cubierta vegetal a causa de repetidos incendios y explotación forestal desmedida; concentración de la actividad económica en las zonas costeras como resultado del crecimiento urbano, las actividades industriales, el turismo de masas y la agricultura de regadío (Ecologistas en acción, 2011).

La desertificación está fuertemente vinculada a la pobreza puesto que las tierras al ser improductivas ocasionan desnutrición, desempleo, miseria y migración. Se calcula que en México cada año emigran entre 300 mil y 400 mil personas, abandonando sus tierras en proceso de degradación o de desertificación.

Seis de cada 10 hectáreas de la superficie del país padecen o son susceptibles de tener algún nivel de degradación, ya sea leve, moderado, severo o extremo (CONAFOR-SEMARNAT, 2010).

Lomelí y Llarraza, (2011)  consideran siete procesos principales que conducen a la conversión de tierras en desiertos:

Las estimaciones más recientes refieren que en 64.03% del país se manifiesta alguno de los procesos de desertificación, y de este porcentaje, sólo en 9.31% se presenta un deterioro de moderado a fuerte (Oropeza, 2004).

Hasta el 2008, no existían estudios específicos sobre la extensión de la desertificación a nivel nacional, sin embargo, para tener una idea de la magnitud del fenómeno, se consideró la degradación del suelo como un estimador de la desertificación en las zonas áridas, semiáridas y sub húmedas secas del país, sin perder de vista que es sólo uno de sus elementos (SEMARNAT, 2009). Adaptado de Lomelí y Llarraza, 2011.

LA DEGRADACIÓN DE LAS TIERRAS

La degradación de las tierras, se entiende como la reducción o la pérdida de la productividad biológica o económica y la complejidad de las tierras agrícolas de secano, las tierras de cultivo de regadío o las dehesas, los pastizales, los bosques y las tierras arboladas, ocasionada, en zonas áridas, semiáridas y sub húmedas secas, por los sistemas de utilización de la tierra o por un proceso o una combinación de procesos, incluidos los resultantes de actividades humanas y pautas de poblamiento (UNCCD, 2007). Las tierras secas suponen el 41% de la cubierta de la Tierra y están habitadas por más de 2.000 millones de personas. Las tierras secas representan el 44% de los ecosistemas cultivados del mundo: en ellas se produce el 30% del cultivo del hombre (Gnacadja, 2010).

La evaluación de la degradación del suelo causada por el hombre elaborada por la SEMARNAT y el Colegio de Posgraduados (SEMARNAT, 2009), es el estudio más reciente de degradación de suelos en México, y el que se ha realizado con mayor nivel de resolución. En él se consideraron cuatro procesos de degradación: la erosión hídrica y eólica y la degradación física y química. Con base en los resultados de este trabajo, 44.9% de los suelos del país muestran algún tipo de degradación. La degradación química es el proceso dominante (17.8% de la superficie del país), le sigue la erosión hídrica (11.9%), la eólica (9.5%) y la degradación física con 5.7 por ciento.

Entre 93 y 97% del total de la superficie con degradación en las zonas secas ya se encuentra en los niveles de ligera y moderada, lo que es un foco de alerta, debido a que de continuar este proceso se puede llegar a los niveles de degradación fuerte o extrema, en los cuales la recuperación de la productividad del suelo es materialmente imposible (SEMARNAT, 2009).

 

En la gráfica  se ilustran los procesos de degradación del suelo en México y su porcentaje:

 

Las zonas secas del país que presentan un grado de degradación del suelo se representa en el mapa siguiente:

 Fuente: SEMARNAT, 2009.

En el mapa anteior se observa que en el estado de Quintana Roo es mínima la presencia de suelos degradados. Sin embargo se presenta una degradación química en la región poniente del estado, que corresponde al municipio de José María Morelos.

No obstante, es necesario señalar que en este mapa únicamente se han considerado las regiones secas del país, por lo que se desconocen los efectos de la degradación del suelo en las regiones que dominan los climas restantes.

REFLEXIONES FINALES

La degradación del suelo y la desertificación presagian la muerte gradual de la compleja red de su biota. La desaparición de una sola especie de esta red puede ser devastadora (Gnacadja, 2010).

Seis de cada diez pulgadas (18-25 cm) de la capa superficial del suelo es todo lo que se interpone entre nosotros y la extinción (Gnacadja, 2010).

“Mejorar los suelos en un lugar, mejora la vida en todas partes”, Lema de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, 2010.

 

Cortesia :

INEGI






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